Jueves, 28 Julio 2016 11:19

La (r)evolución de los blancos de Rioja

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La (r)evolución de los blancos de Rioja

La Denominación vuelve la mirada a un producto estrella en los años ochenta y que, cada día más, es más demandado por los consumidores

Ya en el Plan Estratégico de Rioja 2005-2020, los blancos de Rioja aparecen como uno de los principales ejes de actuación para el futuro, con la incorporación de nuevas variedades blancas que son expresión del gran potencial innovador de una Denominación que siempre se ha mantenido a la vanguardia de los vinos españoles.

Texto: Antonio Egido

 

Y es que la apuesta del Consejo Regulador, en estos como en los otros productos que ofrece la Denominación, es por la calidad, lo que supone ofrecer al consumidor una galería de vinos blancos con personalidad diferenciada y una amplia diversidad que van desde los clásicos con envejecimiento en barrica, a la gama actual de vinos más vanguardistas y complejos, pasando por los jóvenes afrutados, fermentados en barrica o monovarietales. De esta forma, Rioja es capaz de ofrecer una gama muy atractiva, no solo en los vinos más desenfadados, sino en otros dotados de mayor complejidad, volumen y estructura, con gran capacidad para una larga evolución en botella, como los que actualmente ofrece la variedad viura, cuyas plantaciones tienen una edad media superior a cuarenta años.

Además, las nuevas variedades complementarias, tanto autóctonas como internacionales, han incorporado las características y las preferencias del consumidor actual, dando lugar a vinos singulares con un amplio abanico de sabores, matices y sensaciones. Una muestra de la riqueza y especial atractivo que aportan estas variedades la encontramos en la autóctona tempranillo blanco, fruto de una mutación espontánea y un proceso de investigación. Tiene amplias posibilidades de adaptación a diferentes terrenos, permite diversificar las elaboraciones, tanto de vinos jóvenes como de vinos destinados a la crianza en barrica y aporta características organolépticas de calidad diferenciadas y personales. Diferenciación y sutileza van de la mano en los nuevos vinos blancos de Rioja, en los que los consumidores habituales de vino blanco tienen todo un mundo por descubrir.

 

¿Dónde está la (r)evolución?

 

Lo que venimos denominando como (r)evolución de los blancos de Rioja, tiene como punto de partida la ampliación a nueve variedades de uva autorizadas, así como la aptitud para la crianza en barrica y envejecimiento, exclusivo de las zonas vinícolas más privilegiadas.

Desde la creación de la Denominación Calificada Rioja en 1925, las variedades blancas autorizadas por su Reglamento habían sido tres: viura, garnacha blanca y malvasía. En el año 2007 se incorporan tres variedades blancas autóctonas: maturana blanca, tempranillo blanco y turruntés, así como tres variedades internacionales: chardonnay, sauvignon blanc y verdejo.

No obstante hay que dejar anotado que el Consejo Regulador obliga a que, cuando se elaboran vinos monovarietales con las variedades blancas internacionales -chardonnay, sauvignon blanc y verdejo-, no podrán ser predominantes en el producto final, de tal manera que en el etiquetado del vino, si se indicasen las variedades, deberá figurar siempre en primer lugar una variedad blanca tradicional de Rioja (viura, garnacha blanca o malvasía de Rioja) o una variedad minoritaria de Rioja (maturana blanca, tempranillo blanco o turruntés).

Al aprobar la incorporación de las seis nuevas variedades blancas se dotaba de una mayor competitividad a los vinos blancos de Rioja, adaptando sus características a las tendencias actuales del consumo, mediante la diversificación y mejora de la oferta. Tras ocho años de trabajo, ahora es cuando los consumidores pueden empezar a disfrutar de los resultados. Las nuevas variedades plantadas durante estos años ya han entrado en producción y representan un incremento de unas 1.500 hectáreas sobre las 4.000 hectáreas de uva blanca que tenía Rioja hasta la cosecha 2015, en su mayoría de la variedad viura.

 

Diversidad y tipicidad

 

Frente al fenómeno de la estandarización y de la globalización de los vinos, las variedades de uva autóctonas reúnen diversidad y tipicidad, lo que permite mantener la originalidad y diferenciación de los vinos blancos de Rioja. Es el caso de la variedad tempranillo blanco, fruto de una mutación genética descubierta en 1988 en una finca de Murillo de Río Leza propiedad del viticultor Jesús Galilea. Un año más tarde se plantó en la finca del Centro de Investigación y Desarrollo Agrario de La Rioja, poniéndose en marcha la investigación “Posibilidades de Cultivo y Elaboración de Variedades Minoritarias” bajo la coordinación del catedrático de Viticultura de la Universidad de La Rioja, Fernando Martínez de Toda. Una década después, los interesantes resultados obtenidos de las primeras elaboraciones experimentales de tempranillo blanco permitieron a los técnicos aconsejar su inclusión entre las variedades autorizadas por la Denominación. Uno de estos técnicos pioneros en la investigación del patrimonio vitícola riojano, Juan Carlos Sancha, la calificaba como “una joya, un regalo de la naturaleza”.

Resultan igualmente destacables las elaboraciones que están haciendo algunas bodegas a partir de variedades tradicionales de cultivo muy minoritario, como son la malvasía de Rioja y la garnacha blanca (“las eternas convidadas de piedra, pero con un potencial extraordinario”, afirma un reputado investigador como Enrique García Escudero), que proporcionan vinos aromáticos muy agradables y con gran personalidad. También la recuperada maturana blanca, que tiene un perfil aromático muy característico y elevada acidez, además de la particularidad de ser la variedad más antigua de la que se tiene conocimiento escrito en Rioja, pues aparece citada en 1622.

 

Una nueva clasificación para los blancos

 

No es fácil establecer una tipología de los vinos blancos de Rioja, dada la amplia gama que encontramos desde los blancos jóvenes afrutados hasta los más complejos con crianza en barrica, no obstante está establecido un modelo de clasificación fijándose, exclusivamente, en su composición varietal y envejecimiento, que queda así:

.- Blancos jóvenes, frescos y afrutados.

.- Blancos de variedades autóctonas (monovarietales o complementarias).

.- Blancos de variedades internacionales (complementarias).

.- Blancos fermentados en barrica.

.- Blancos criados en barrica con largo envejecimiento. Los clásicos de Rioja.

Además en Rioja se elaboran vinos singulares y a la vez difíciles de encajar en esta clasificación como son los blancos semidulces, un tipo de vinos que tuvieron un gran éxito comercial durante los años cincuenta y sesenta, por lo que se les consideraba los vinos favoritos de las mujeres.

Del mismo modo, debemos destacar que lo que más ha distinguido tradicionalmente a los vinos blancos de Rioja ha sido su singularidad como vinos de largo envejecimiento, una característica que muy pocas regiones vinícolas del mundo pueden exhibir siendo la variedad viura la que alcanza en esta Denominación unas cualidades excepcionales para el envejecimiento en barrica de roble. A lo que debemos sumar que las características enológicas de algunas de las nuevas variedades autorizadas, como la tempranillo blanco, maturana y chardonnay, contribuirán a reforzar aún más las posibilidades de crianza en barrica y largo envejecimiento de los nuevos blancos de Rioja.

 

Referencia en blanco

 

Tenemos que tener en cuenta que la historia de Rioja es la de una región dedicada al vino desde hace 2.000 años; que las especiales características de sus tierras y clima la han convertido en un ‘terroir’ único y privilegiado para la viticultura, que proporciona uvas de calidad extraordinaria y que el saber elaborar de sus viticultores, acumulado por muchas generaciones, hacen que esta D.O.Ca. se haya convertido en una de las regiones vitícolas más importantes del mundo, además de un líder indiscutible de los vinos españoles de calidad.

Si bien se la identifica, principalmente, con la producción de vinos tintos, sobre todo criados en barrica, no debemos olvidar que hay una larga tradición en la producción de vinos blancos, que llegaron a ser mayoritarios en alguna etapa histórica, como en el siglo XVII, donde hay documentado un mayor volumen de elaboración de vinos blancos que de tintos.

No obstante, si nos remontamos a los últimos treinta años, la superficie de viñedo de uva blanca en el año 1985 era de 9.000 hectáreas, principalmente de la variedad viura, que representaban el 24% del total. Pero, frente a la expansión del cultivo de la variedad tinta tempranillo, el viñedo de uva blanca se ha reducido a menos de la mitad (4.000 hectáreas en 2015), con lo que la producción media obtenida (unos 35 millones de kilos de uva) resulta una cantidad muy ajustada a la necesidades de comercialización de vinos blancos y rosados, cuyo incremento de demanda en los últimos años no ha podido atenderse eficazmente. El consumo de vinos blancos en España representa un 25% del total, porcentaje que en los principales mercados internacionales se eleva al 35%, mientras que Rioja apenas dedica un 5% de su producción total a los vinos blancos.

Ahora mismo, la potente ‘maquinaria’ que Rioja posee, tanto desde el punto de vista tecnológico como de la alta cualificación de viticultores y enólogos, ha permitido que en apenas una década esta Denominación sea capaz de ofrecer al mercado una interesante gama de vinos blancos de alta calidad, caracterizada por su diversidad y personalidad diferenciada. Es una muestra más de la buena preparación del sector vitivinícola riojano para adaptarse a las exigencias del mercado con un modelo de denominación dinámico e innovador, que ofrece confianza y seguridad a los consumidores.